La música y el conocimiento sólo llegan si se tocan

Daniel Fortea en Unión Radio (1935)

Hablar de Unión Radio significa remontarnos a los orígenes radiofónicos en España. Fue en 1925 cuando comenzó a funcionar y compositores del Grupo de los Ocho como Juan José Mantecón o Salvador Bacarisse trabajaron en difundir la música clásica a través de sus ondas. Hoy, tomando como fuente la Revista musical de la Biblioteca Fortea (no. 7-8) publicada en 1935, nos imaginamos en modo de podcast contemporáneo la voz y guitarra de Daniel Fortea (1878-1953) en esta introducción y entrevista de Mariano Sánchez Palacios:



Semblanza y presentación del guitarrista Daniel Fortea en su intervención ante el micrófono de Unión Radio de Madrid, por Mariano Sánchez de Palacios.

Señores oyentes:

Si el micrófono en su función divulgadora y cultural ha de recoger la vibración de la vida artística, literaria, científica o de divulgación en general, acercando hasta él la palpitación de valores sancionados por el mismo público, no puede por menos de recoger hoy el latir de un arte musical, que como el de la guitarra, genuino instrumento español, llega hoy ante el de Unión Radio, de Madrid, para dejar que sus cuerdas sensibles, fibras de sentimiento, sean pulsadas por uno de sus virtuosos y felices intérpretes como el que hoy llega hasta este estudio y al que me propongo primeramente interviuvar.

Daniel Fortea trae con su firma y con su guitarra, toda una vida dedicada a su arte, a la interpretación y composición de sus obras y de otros autores, que como hijas suyas, amantes de sus anhelos, colaboradoras de sus triunfos, ha interpretado para solaz espiritual de sí mismo con la ayuda de la compañera inseparable y querida de su vida, que es la guitarra.

Discípulo predilecto de aquel gran intérprete de la música, guitarrista famoso, que se llamó Francisco Tárrega, Fortea ha cogido de él, su escuela, el dominio de la pulsación, el amor a su arte y su acabada interpretación de las obras que tan fervientemente ejecuta. Podemos decir tras esto, que Fortea es, con la guitarra, digno sucesor del maestro.

Sus dedos saben pulsar las cuerdas del instrumento, a las que arranca siempre la gama de sonidos grises de la melancolía -permítaseme la frase— o los tonos blancos, vivos, alegres y vivaces, de una armonía musical cuajada del sentimentalismo y la pasión del que las hace estremecer, con la caricia suave de sus dedos de artista.

Nada puedo decir de él, que no lo conozcáis. La vida de los artistas pertenece al público y la de este guitarrista, es bien conocida de todos. Dejemos, eso sí, que su voz responda a mis preguntas, para que ella os haga llegar hasta vuestro oído, los detalles y manifestaciones desconocidos e interesantes, que este estimado artista, este ilustre músico que es Daniel Fortea, va hoy ante este micrófono a divulgar.

— ¿Supone usted, amigo Fortea, que la afición al estudio de la guitarra aumenta en España?
Aumenta muchísimo. Aunque para dedicarse a este difícil instrumento se necesita una verdadera vocación, se nota que de año en año, y no sólo en Madrid sino en provincias aumenta el número de entusiastas de la guitarra. Es de atribuir, por una parte, a que desde el punto de vista del ejecutante, es el instrumento más íntimo, con el que más se compenetra el músico, como que es el único que se toca abrazándole; y por otra, a que cuando al concertista logra arrancar a la guitarra su expresión íntima la emoción que produce en el auditorio es mucho mayor que con cualquier otro instrumento.

— Con respecto a este arte como espectáculo, ¿aumenta el público que asiste a los conciertos de guitarra?
No es la guitarra instrumento de grandes masas de público, pero creo que también ha aumentado en estos últimos años el interés por oírla en los conciertos, y prueba de ello es que se suelen llenar las salas.

—¿Vé usted un porvenir en esta demostración de arte selectiva de masas, por supuesto refiriéndome a la interpretación de música de cámara o de concierto?
Desde luego. Antes, cuando murió Tárrega, éramos sólo cuatro o cinco los que nos presentábamos al público y hoy ya van sonando algunos nombres de guitarristas de uno y otro sexo, que se lanzan a dejarse oír, aunque algunos, la mayoría, no tienen la debida preparación, y otros carecen de la intuición necesaria para que se pueda esperar de ellos nuevos artistas que aporten algo, ni que sean buenos o que llamen la atención como intérpretes. Lo mas que hacen es estudiar mucho la guitarra y tocar las obras que oyen a los consagrados. Estudian los cursos de solfeo y armonía, pero la musicalidad no se les vislumbra.

—¿Quién o quiénes fueron sus maestros, amigo Fortea?
De buena gana le diría que mis maestros han sido mi amor a la guitarra, mi entusiasmo por la música y mi asiduidad en el trabajo que exige este instrumento. Los grandes maestros de todo autodidacta.
Pero tengo que consignar, y lo hago con orgullo, que recibí lecciones y, sobre todo, ánimos y ejemplo del inolvidable Tárrega, el gran artista y, más que nada, el verdadero innovador o más bien creador de una escuela de la que yo, uno de sus discípulos predilectos, quiero ser continuador. Lo mismo que Tárrega se apoyó en los estudios de Sor, todos los que hemos seguido a Tárrega, hemos encontrado en las composiciones de este maestro una guía segura y un camino luminoso para el estudio de la guitarra. Yo mismo, continuador de su escuela, creo que también marco el camino a mis muchos discípulos.

—¿Quiere usted contarme algo de la vida de aquel insigne guitarrista y compositor, paisano suyo, Tárrega?
Muchísimas cosas podría contarle de mi maestro, pero, pocas divertidas o agradables, ya que su vida fue más de trabajo y sinsabores que de alegrías. Fue un artista entregado completamente a su arte. Era casi solo en España en el cultivo de este instrumento, en la forma artística con que hoy se ha generalizado. Los que desde pequeño apreciaron en él extraordinaria capacidad para la música, le instaban a que cultivara el piano, el instrumento espectacular de la época, pero él se concentró en la guitarra, desdeñando resonantes triunfos que, indudablemente, habría logrado con el piano. Tal entusiasmo puso en la guitarra, que en un empeño de perfeccionamiento transformó su misma manera de tocar. Usted sabe que hay dos sistemas para tocar la guitarra, el de uña y el de yema. El primero es más sonoro, es el que usan los concertistas que prefieren la sonoridad al matiz; el segundo obtiene matices y delicadezas imposibles de conseguir con la uña. Pues Tárrega, que empezó tocando de uña, un día se las cortó al rape y a fuerza de trabajo y constancia, consiguió lo que buscaba, una modulación completamente nueva y una delicadeza de expresión que contrastaba con su aspecto de gran intérprete.

—¿Cuándo empezó usted a cultivar el arte de la guitarra?
De chico. Yo también he tocado varios instrumentos, pues mi hermano mayor dirigía la banda del pueblo. Ya usted sabe la afición que hay en mi país valenciano a las bandas de música; pero sólo la guitarra llegó a entusiasmarme; sólo con la guitarra conseguí yo expresarme. Mi hermano tenía un viejo método; yo solo empecé mis estudios.

—¿Quiere usted contarme a grandes rasgos su vida?
Yo nací en Benlloch (Castellón). Como le digo, ya de chico empecé a manifestar mi afición a la música en general y mi preferencia por la guitarra. Como no tenía medios para hacer mi carrera en la música, cuando llegó la hora de ir al servicio militar me trasladé a Castellón y allí pretendí hacerme músico militar y prepararme para músico mayor. Pero la rigidez de la vida de cuartel y la disciplina militar no eran para mi temperamento y tuve que desistir de esa idea. Sin embargo, seguí practicando la guitarra y para ayudarme, empecé a dar lecciones. Al mismo tiempo alternaba el estudio del piano y violín, que abandoné para dedicarme exclusivamente a la guitarra. En una de sus visitas a Castellón conocí a Tárrega, le oí, me di cuenta de su sonido especial, vi que tocaba sin uñas y me dispuse en seguida a seguir su escuela. Nos hicimos grandes amigos; mi admiración crecía cada vez que venía a Castellón y yo adelantaba en mis estudios, pues con sólo verle estudiar aprendí su técnica y la interpretación tan sublime que daba a las obras, como del arte que ponía en las transcripciones, que también supo adaptar. A los dos años de faltar el maestro me vine a Madrid para darme a conocer y aquí me tiene usted, como un madrileño más. Me presenté en el Ateneo y en el Teatro de la Comedia con gran éxito; pero como en aquella época el público era poco aficionado a ir a los conciertos, me dediqué a dar clases y empecé, con el título de "Biblioteca Portea", la publicación de obras para guitarra e instrumentos de púa que este año he ampliado con el mismo título, lanzando una revista mensual literario-musical que ha tenido gran aceptación, especialmente en el extranjero. Y entregado a estos trabajos y a la publicación de mi método para guitarra, que ya lleva tres ediciones el primer libro, no he podido aceptar proposiciones de dar conciertos en varios países. En los Estudios de Ballesteros de aquí han impresionado una cinta compuesta de tres obras mías, titulada "Cuento de Navidad", que seguramente se estrenará para las Navidades, y que espero gustará por lo bien que suena la guitarra y que, además, es la primera cinta que se ha hecho a base de la música de guitarra.

De izquierda a derecha: Andrés Segovia, Daniel Fortea, Miquel Llobet y Emilio Pujol. Fuente: Guitarra.Artepulsado.com

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